
Corre alta la noche;
se enreda el viento limpio
en la vertical de tu belleza;
atraviesan las estrellas
con sus agujas frías
la canela caliente,
extendida
y oscura
de tu cuerpo.
Rincón, cueva
de dulzuras,
pozo
de mi paraíso
en medio de la selva
desgreñada y rumorosa de los árboles
que contemplan tu sueño…
tú estás allí,
piedra luminosa,
fuente que va fluyendo y se deshace
en sudorosas ansias,
arroyo de delicias exhalando perfumes
de sustancia
y concreción humanas:
consistencia enervante de los músculos,
impenetrabilidad humilde de las uñas,
vapor,
vapor de besos, abrazos y deseo
que ascienden desde el tiempo
y se abren presentes en un vaho fragante,
cálido,
turgente,
hálito envolvente en que quisiera
fundirme, hundirme,
disolverme
para siempre.
¡Cómo refulge apagadamente en mí
tu cuerpo horizontal
dormido y anhelante…
en medio de la noche!
Faro de mis sueños
y Polar insomne del impulso
torrencial
de mi Quererte.
Cuerpo dormido tuyo,
alma que vela mía.
Dios entonces que rompe las orillas
entre carne y suspiro…
y sus aguas que irrumpen
apagando tus ojos con mi boca,
mi pecho entre tus brazos.
Queda sólo la Noche.
Y una Luz… infinita…
que alumbra
estremecida…
nuestra triunfante
y esplendente
Nada.
11.04.08 @ 20:31